En
una pirámide escondida del tiempo,
una doncella a oscuras, descansaba
dormida.
Despuntando el día, tan de pronto
amanecía,
un tenue rayo de luz, un día,
tímido se coló
afuera guerra, hambre, noche y
sufrimiento
de un imperio luchador, para no
estar muerto.
La oscuridad, ahora ya era sólo
penumbras,
la pirámide, poco a poco se
iluminaba toda;
primero su cara, luego su corazón y
su alma,
después su cuerpo, su cabello, todo
con calma,
sus labios secos, se tornaban
carmesíes, rojos
pues la luz del sol ya estaba en
sus bellos ojos.
La penumbra escondida, ya se
marchaba,
mientras los bloques, de colores se
iban pintando
oro y púrpura, piedra rica, marfil
y ónice
todo adornado, el tranquilo espacio
de ella,
la doncella de ojos verdes, hermosa
despertaba
mientras sus damas, prestas la
preparaban.
En una pirámide, escondida ya del
tiempo,
donde el hermoso sol en rayos, ya
no se colaba,
peinaban a Cleopatra y pronto la
perfumaban,
con ricos trajes, las doncellas la
encaminaban,
para a Egipto dominar, para que la
adoraran.
La guerra y el hambre, el
sufrimiento y la sed,
todo en el Imperio, de pronto todo
se detuvo,
al ver a una hermosa dama de
ensueños, surgir
de la pirámide que ayer triste y
solitaria dormía
la mujer, la amante fiel de Egipto
ya emergía.
Dominó con su mirada a la fieras
del desierto,
acarició a Egipto de Norte a Sur y
Este a Occidente,
su palabra, como real bálsamo al
desierto ella dio
entregándose al Imperio tiernamente
al oído habló
y en su vientre, en su pecho y en
su alma habitó
Egipto gimió, Egipto se entregó,
Egipto el Imperio
ayer guerrero, límite de todo,
dueño y Emperador
sobre el cuerpo de la amada
Cleopatra, suave murmuró
dibujando los oasis, nuevos tronos
del deseo y el amor
Egipto el Imperio, el hombre, a su
hermosa dueña protegió
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